Los oficios anónimos

Borges opinaba que la escritura debía tender al anonimato: en cierta aventura editorial que (la aclaración es ociosa) no prosperó, había propuesto que las firmas fuesen expurgadas de los textos, para que la pesadez de la jactancia le fuese ahorrada a los esforzados colaboradores de esa publicación. Su sugerencia murió: nadie quiso renunciar a su nombre, el cual era, en consideración de sus propietarios y en palabras de Borges, “eufónico y precioso”.

Auguste Renoir: Claude Monet leyendo, 1872. Musée Marmottan, París.

Escribir es un acto de módica vanidad: en oposición al estruendo de las imágenes o a la obnubilación que provoca esa versión actualizada de los medievales tormentos llamada canción, la literatura es hoy (pero desde hace ya mucho) una ocupación menor, afín a las amenidades descriptas por el término inglés hobby y cuya enunciación despierta sospechas de carente seriedad. La propia escritura nada justifica, nada cambia, nada mejora y nada enuncia que no sean la rara virtud o el ubicuo horror de quien escribe; la ajena, menos aún, puesto que ni siquiera nos reporta beneficio. Escribir es, entonces, un episodio de egoísmo mínimo, de orgullo petimetre y ramplón, cuya compensación y redención son logradas, como sobre un estante que hace las veces de pila bautismal donde se extravía el invisible obstáculo del pecado, a través de la inversa acción de la lectura.

Atisbos es una página personal (quizás ese adjetivo bien me valga un reproche, pues no parte de una revelación sino de una deducción, tal vez errónea) dedicada, anónimamente, a una de las formas del hedonismo: recorrer con la parsimonia que concede la cargada atmósfera de lo solitario páginas en donde otros han despedazado, en ocasiones exitosamente, sus ansias de triunfo. Cumple sobradamente su ejecutor con las mansas y desalentadas recomendaciones de Borges: ignoramos de quién se trata, pero sabemos que su tarea le depara, como al gran argentino, dicha para sí mismo, solaz para los otros e inmerecida gratitud para con quienes elige leer, los que no siempre recompensan esa ciega confianza que constituye la audaz adquisición de un libro.

Atisbos es una página feliz, como feliz ha de ser su autor por condescender a su creación y felices nosotros por consentir en hallarla.

Hadrian Bagration

Enlace a la página Atisbos: críticas, reseñas y opiniones sobre lecturas y libros:

http://arrecogiendobellotas-marlow.blogspot.com/

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3 comentarios en “Los oficios anónimos

  1. Me suscribí a este portal y ahora escribo el comentario para agradecer, simplemente agradecer un buen rato de lectura, es tan poco usual encontrarse por internet lugares así que me siento realmente afortunada cuando así, por casualidad, de tumbo en tumbo, me tropiezo con sitios como este. Un saludo.

  2. Estimado Hadrian:
    Quedo muy agradecido y abrumado por tus palabras.
    Dedico a tu generosa mención una humilde aunque sincera entrada como agradecimiento.
    Por mi parte seguiré viniendo a este lugar a buscar refugio.

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