Vida de Samuel Johnson

Sir Joshua Reynolds: Retrato de Samuel Johnson, 1772. Tate Gallery, Londres

Sir Joshua Reynolds: Retrato de Samuel Johnson, 1772. Tate Gallery, Londres

Hacia fines de 1763 James Boswell, caído en enemistad con Samuel Johnson a causa de un incidente trivial, se retira a su hacienda y hace saber que no desea entablar contacto con nadie. No descuida sus deberes conyugales, pero dialoga con su esposa mediante cartas y se ocupa de la educación de sus hijos a través de criados. Emprende, sin la ayuda del amigo sobre quien se había propuesto consignar la vida, la enorme tarea de redactar la existencia de Johnson no como el destino la irá desandando de allí en más sino como imagina que lo hará. Relata éxitos magros y amarguras profundas; relata peculiaridades que disminuyen el tono dramático del texto; relata algún que otro viaje que excitará la mente del lector; relata la composición de una probable obra de Johnson, Lives of the Most Eminent English Poets, según el gusto que sospecha posee quien fuera, hace tantos años, su mentor; relata un tardío reconocimiento y una cierta indiferencia de Johnson ante su propia fortuna, que achaca a un carácter acaso estoico que Johnson habrá refinado, supone, en la frecuentación de la Antigüedad. Algunos amigos le ruegan que no oculte esas páginas a los ojos del gran público, ya que el producto de su escritura, que deja impasible a Boswell, los intriga. Hacia el final de la obra habrá creado a su personaje y esperará, vanamente, que sus ilusiones  y la realidad coincidan piadosamente en algún párrafo. Dedicado a su trabajo, no ha advertido que sobre él se ciernen la vejez y la enfermedad. Finalmente consiente en ser atendido por los médicos. Es gracias a la deferencia que éstos le prodigan que descubre que él es Johnson, que Boswell  es su creación y que no ha sido sino su propio biógrafo de agradables falsedades, y que su vida ha transcurrido enteramente en su buhardilla y sobre el papel, sitios en los que su obra se forjó, alejado del mundo. Disfruta durante unas semanas de esa gloria módica, que la posteridad extenderá, hasta que su enfermedad prevalece y, en el final de una tarde de Diciembre de 1784, murmura las palabras iam moriturus, rodeado de discípulos y admiradores, y muere.

Hadrian Bagration

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