Symposium

Tiziano: Sísifo, 1549. Museo del Prado, Madrid.

Tiziano Vecellio: Sísifo, 1549. Museo del Prado, Madrid.

“APOLODORO: Cuando hubieron acabado de comer lo que les habían servido, Aristófanes, que había bebido mucho, se retiró a un costado y se durmió. Los otros jugaron al kótabos, sin que los gritos o las invocaciones lograran despertarlo. Entonces, un sollozo que venía del rincón en donde descansaba Aristófanes los sobresaltó. Al acudir, lo hallaron temblando, todavía bajo los efectos del sueño. Todos los rodearon, rogándole que les contara apriesa lo que tan apasionadamente había soñado.”

“En verdad- comenzó Aristófanes- he soñado que mi sombra descendía al Hades, en cuyas puertas me aguardaba Eaco. Al punto mandó que me colocaran aves fortísimas en las espaldas, las que jalándonos de unas cuerdas nos transportaron en veloz vuelo al Tártaro. Eaco me acompañó sobre el lomo de un ave aún más grande y fuerte que las otras. Regresó, no sin antes decirme que volvería por mí para enseñarme los Elíseos. Mientras tanto, yo era libre de deambular por la oscuridad. Vi primero a Titio, el ofensor de la hermana de Apolo; a Tántalo, que matara a sus hijos; vi a estafadores y perjuros; en uno de los recodos del Flegetón vi a Sísifo, el de la piedra. Parecióme éste el peor de los suplicios, la piedra que jamás se está quieta;  me acerqué y le dije: “¡Oh, desgraciado! ¿Son éstos los tormentos a los que Zeus Vengador te condenó?” Así le hablé porque su figura era triste e indigna, y porque estaba sucio y hediondo. Me miró y me dijo: “Lo que aquí ves, tú que aún caminas entre los mortales, es lo que mi atrevimiento ha merecido. Pero has de saber que, al igual que tú, yo también sueño mientras empujo sin cesar la roca hasta la cumbre, y en mis sueños ni aun los dioses viven para siempre. Mi castigo hallará un día su final.” Me sorprendí, y espantado le recriminé: “Pero, insensato, ¿es que te expones a una pena todavía mayor murmurando aquí contra los dioses?” Sísifo sonrió y me narró, como yo a vosotros ahora, su sueño: algún día las estatuas de los dioses no reflejarán la luz del sol, sino que se verán pálidas o ennegrecidas, y hombres sin nobleza las maldecirán y destruirán. Reirán ante el nombre de Zeus Olímpico, y se prosternarán ante un dios extraño, pequeño, bárbaro, de brazos abiertos y flojos, sangrante, muerto. Los dioses, para alivio de Sísifo, sólo recibirán burla y olvido, y morirán de tristeza.”

H.B.

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