With it shall fall the world

Gustave Boulanger: El mercado de esclavos, 1886. Colección privada.

Gustave Boulanger: El mercado de esclavos, 1886. Colección privada.

Bebíamos calmadamente té cuando alguien recordó la discusión, cercana al epílogo de Madame Bovary, entre Homais y el abad Bournisien. Disputaban, según se sabe, sobre la utilidad de la plegaria. Una voz preguntó si los autores que cada adversario esgrimía en su favor eran atendibles. Respondí que no todos: Voltaire, d’Holbach, seguramente; Guenée, el redactor de las Lettres de Quelques Juifs Portugais, Allemands et Polonais, à M. de Voltaire (poseo una traducción inglesa en mi biblioteca), sólo quizás como estímulo a proseguir la lectura de la Encyclopédie; confesé no haber frecuentado más obras de entre las mencionadas en el diálogo. Por fin, alguien se atrevió a la pregunta: ¿Pero sin duda el cristianismo abolió la esclavitud, n’est-ce pas? 

Callé. El intercambio de opiniones se prolongó por una media hora. Cuando regresó el silencio y de nuevo sentí las miradas sobre mí, busqué el libro, hallé la página y leí, la garganta aclarada por la efusión de líquido, el párrafo habitual:

“Forthere y Brithwald (hay eruditos que escriben su nombre como Berthwald o Beorthwald) fueron contemporáneos: Forthere fue nombrado obispo de Shermore a la muerte de San Aldhelm, en tanto Brithwald fue obispo de Canterbury. Se conservan de ambos casi todas sus cartas, incluso aquélla en la que Brithwald escribe a Forthere, en urgencia y desesperación, para que interceda ante Beorwald, abad de Glastonbury (su existencia es confirmada dos veces en la lista de autoridades de la iglesia de Glastonbury que compusiera William de Malmesbury): el abad poseía, de entre sus esclavas, una muchacha de Kent, a la que su tío, Eoppa, deseaba rescatar mediante una oferta de treinta solidii. Alguna oscura razón hacía a Beorwald negarse a la petición y retener a la esclava, aun cuando el precio fuera generoso y pudiera usarse el oro para engrosar las arcas de la abadía. De Frothere se asevera que fue aquel peregrino que en Roma, quizás poco antes del año 737 de la Era Común (el año de su muerte), en casta compañía de la reina de Wessex, Frythugyth, esposa de Æthelheard, pronunció o repitió, ante las lastimeras ruinas del Coliseo, estos versos:

Small wert thou, Rome, when you createdst me,
Smaller shalt be, if e’er thou cast me down,
While stands the Coliseum, Rome stands too,
When falls the Coliseum, Rome shall fall,
And when Rome falls, with it shall fall the world. “

“Las líneas son recogidas por Beda el Venerable. Byron (Childe Harold, IV, 73-74), en viaje a Grecia, también admiró al edificio y a la Urbe, y las incluyó en su largo poema. Ignoramos si se concretó la transacción y  tío y sobrina regresaron felices a Kent o si, por el contrario, la joven acabó sus días en las ergástulas del abad Beorwald.”

H. Bagration: On Bede’s Historia Ecclessiastica Gentis Anglorum: A New Translation and Interpretation. Janus Books, London, 1969.

H.B.

 

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