Israel, homo sacer

Aert de Gelder: Abraham y los ángeles, 1685. Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam.

Aert de Gelder: Abraham y los ángeles, 1685. Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam.

El think tank (la calificación es hiperbólica) paraoficial Agencia de Noticias Paco Urondo previsiblemente justifica al operador político Pedro Brieger acerca de su contextualización del asesinato de tres jóvenes a manos del terrorismo islámico en Gaza. La letanía es conocida: la violencia del opresor absuelve a la violencia del oprimido. En términos llanos, Israel, causante de crímenes y matanzas, es lícito homo sacer, y puede  proseguirse su cotidiana destrucción en la forma en que quienes desde hace más de sesenta años se afanan en arrojarlo al mar elijan, desde la guerra, el atentado, el bombardeo, hasta el secuestro y la ejecución. Para sujetos como Brieger, siempre habrá una culpa que Israel deba expiar, aunque el tamaño de sus ofensas, desde el principio y hasta el fin de los tiempos, haga de ese intento de pública limpieza un objetivo lejano como el horizonte. Fue el razonamiento del nazismo: los judíos, aunque minoría desposeída y tan sufriente como los demás alemanes, oprimían al digno pueblo ario con la usura, aun desde la modesta altura de una zapatería o un comercio de telas; poco importaba que fuera o no así; bastaba sospechar que tal era el estado de cosas para excitar la imaginación desaforada del pogrom. Es la acusación de opresión la que legitima la barbarie del terrorismo, no la opresión fáctica. En el tribunal del antisemitismo sólo hay sitio para el fiscal.

El término antisemita, al igual que homófobo o racista, ha caído en descrédito. No se trata de reemplazar el torvo odio que mueve a quien profesa esos cultos de la ignorancia por la duda y la reflexión, sino de acudir a variantes semánticas y teleológicas: no se ataca al homosexual por su condición íntima, sino en defensa de una entidad juzgada de importancia mayúscula: la familia, la prole, la infancia. Se observa con desconfianza a las tonalidades mate de la piel no en nombre de la superioridad del blanco sino en atención a la salvaguarda de las fronteras y de la higiene. Nadie admitirá, hoy, detestar a los judíos; nos oponemos, dirán, a su irredentismo, sus ambiciones territoriales, su maltrato hacia otros pueblos, nos oponemos al sionismo. El antisionista es un antisemita que ha cursado velozmente la cátedra del sofisma: no combate al judío sino a Israel, o más bien, al Estado de Israel; o bien, por decirlo mejor, a la existencia del Estado de Israel en una región que no es de su propiedad; nada hubiera costado fundar la nueva nación en Siberia o en Madagascar. Hubo serias propuestas al respecto.

El antisionista no suele ser una persona informada; si lo es, la información es parcial e invariablemente extraída de manuales de ciencia política redactados por nacionalistas que repudian el nacionalismo israelí. Ignoran, o prefieren ignorar, las seis décadas de conflictos, treguas, negociaciones, campañas de desgaste, metódica prolongación de actos de terrorismo, efímeros acuerdos, y aun la amenaza de la aniquilación nuclear que pesa sobre Israel, y las seis décadas de fatigada paciencia de Jerusalén en intentar alcanzar la paz. De nada sirven esos esfuerzos: el terrorismo islámico se halla, para su conveniencia y supervivencia, fragmentado, de modo que pactar con una facción implica enfurecer a las otras. Una típica acusación que es levantada contra los judíos es su pasividad frente al Holocausto, el haberse dejado arrastrar hasta fosas comunes y cámaras de gas casi sin protesta. Una típica acusación que es levantada contra Israel es la de defenderse con dureza. Podrá suponerse que los detractores de Judá lo instarán a encontrar un salomónico punto medio.

Tres adolescentes israelíes fueron asesinados en algún momento desde su secuestro el 12 de Junio: Eyal Yifrah, Gilad Shaar, Naftali Fraenkel. Los judíos poseen una decisiva ventaja: no son cristianos; es decir, admiten la venganza, nada ganan recomendando ese criadero de rencores que es el perdón. El Primer Ministro ha anunciado las represalias de Israel contra los asesinos. Le deseo, desoyendo las apelaciones a la moderación unilateral de Pedro Brieger, todo el éxito.

Hadrian Bagration

 

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