Solitarios, auténticos, profundos

Pierre-Auguste Renoir: La liseuse, 1876. Musée d'Orsay.

Pierre-Auguste Renoir: La liseuse, 1876. Musée d’Orsay.

No hay gran escritor que no haya sido, hasta el día de su última línea, un gran lector. La lectura es el alimento del escritor pero también su segundo nacimiento: no es posible escoger los detalles del primero, pero, a excepción de desorientadas aventuras juveniles, las ventajas o los detrimentos del renacer están en manos del elector de páginas. Mucho ayuda una educación que privilegie la solidez por sobre el experimento y el fondo por sobre la forma; generaciones de mal guiados aunque desganadamente ávidos lectores sucumbieron al culto de la personalidad literaria (o musical, o artística, no existen grandes diferencias) o a la simpatía política.

Quizás no se haya compuesto geografía más acabada de la ciencia de la lectura que How to Read and Why (2000). Harold Bloom (quien a sus ochenta y cuatro años prosigue serena enseñanza en Yale) insiste: el énfasis debe concentrarse en los great books, los grandes libros, saber oponer lo perenne y trascendente ante la banalidad y aun vulgaridad de las period pieces, la literatura que exige del lector sólo la complicidad de lo trivial. La lectura es un oficio tan silencioso y solitario como la escritura; el reverso de una sociedad secreta y múltiple establecida entre lector y escritor; conviene lanzarse a una unión alborotada por el amor que a un mariage de raison en donde la razón está ausente.

Bloom, durante una entrevista en la que se hablaba de su libro, confesó: “Do I feel isolated in America? Yeah, I guess in a way I do. It does seem to me … I’m a somewhat outspoken old monster. You know, why not, at my age—what can they do to me? One wants to tell the truth. And I think the truth is pretty dreadful nowadays, culturally speaking and intellectually speaking … I guess I can feel kind of isolated. Isolated, maybe, in the profession. Isolated in terms of the media … But not isolated with the reading public … Clearly there are a vast number of what I would call solitary and authentic deep readers in the United States who have not gone the way of counterculture, and they are of all ages, and all races, and all ethnic groups.”

(¿Que si me siento aislado en mi país? Sí, creo que de alguna manera es así. Creo que soy… una especie de antigua monstruosidad locuaz. Verá, a mi edad, ¿qué pueden hacerme? Quiero decir la verdad. Y creo que la verdad es hoy día terrible, cultural e intelectualmente hablando. Creo que me siento un poco aislado. Aislado, tal vez, en mi profesión. Aislado, en términos mediáticos. Pero no aislado respecto del público lector. Es claro que existe un vasto número de lo que yo llamaría solitarios, auténticos y profundos lectores en los Estados Unidos que no se han pasado a la contracultura, de todas las edades, razas y grupos étnicos).

Es a ese grupo, grande o pequeño, desorganizado, debilitado, sangrante y doliente pero impertérrito e invencible, los lectores solitarios, auténticos y profundos, a quien el escritor que se sabe infinitamente menos importante que su obra (y a quien, sin embargo, la posteridad preocupa más que el presente) se dirige cuando escribe.

H.B.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s