Crucifixión

Fyodor Bronnikov: Esclavos crucificados, 1878. Galería Tretyakov. Moscú.

Fyodor Bronnikov: Esclavos crucificados, 1878. Galería Tretyakov. Moscú.

Acabada la masacre del río Silario, Craso inquiere sobre el destino de Espartaco. Le informan que nada se sabe: los cadáveres han sido examinados con paciencia, los moribundos rematados, los prisioneros esperan de rodillas un final cruel y próximo, pero no hay indicio del rebelde. Craso decide que un castigo ejemplificador elevará su fama y le abrirá las puertas del consulado en Roma: seis mil esclavos son crucificados en la longitud de la Vía Appia entre Capua y la capital. Antes de regresar a su villa, Craso, que se ha asegurado de que no haya sobrevivientes, deduce que o bien Espartaco ha muerto en la batalla o pende ahora de una cruz. Qué más da.

Silenciosamente, Espartaco ha cruzado el río junto a un grupo de fieles y ha huido antes del comienzo de la sangre. Les dice que seguirá solo, que ha recibido mensaje de un alzamiento servil en Crotona, hacia el Este, y que acude a negociar una alianza con sus líderes; unirán sus fuerzas, derrotarán a Craso y marcharán sobre Roma; en un año harán que sus antiguos amos los reverencien como a dioses. Espartaco desaparece en la madrugada.

Transcurridos casi veinte años, Craso ambiciona el poder que Roma vende y se embarca en la conquista de Partia; allí morirá, pero aún no lo sabe. Se dirige a Siria. El ejército bordea un pequeño pueblo; Craso exige agua y comida en un mercado. Un hombre ceniciento se apresura a servirlo. El alimento desagrada a Craso; a gritos ordena ser atendido como el imperator que es. Otro hombre, fornido, de viejas canas, lo tranquiliza; trae sus mejores manjares y promete castigar al servidor que ha hecho mal su tarea. Craso, apaciguado, pregunta por el nombre del mercader. Espartaco, que se siente seguro tras su oficio de comerciante de esclavos, habla falsamente. Ignora que Craso lo ha reconocido al llegar, que ha instruido a sus soldados a rodear la finca. Espartaco es aprehendido. Algunos de los hombres que ha comprado o vendido lo aprecian; otros lo injurian, ha sabido ser veloz con el látigo y terco con el hierro y el fuego.

Craso manda construir una cruz.

H.B.

 

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