Bagration: Years of Displendour: Public cultural journals

Anónimo: L'Escalade à Genève, 1602- (1622-1626. Del libro: Journal de temps de L'Escalade.

Anónimo: Ginebra: L’Escalade à Genève, 1602, (1622-1626). Del libro: “Journal de temps de L’Escalade”, página 183.

Si bien el descubrimiento fue obra de un terco, minucioso biógrafo que exploró con desesperanzado tesón la casa de la Rue de Rois, tan próxima al cementerio, ese triángulo obsequioso a la ascética arquitectura de las calles que es limitado por el Boulevard de Saint Georges, los irregulares diarios en los que Bagration consignó sus desganadas apologías intelectuales durante tres inútiles décadas son perpetuo campo de batalla para dos duraderas cuestiones. En honor al trivial carácter del asunto, unas cuantas líneas bastarán para permitirnos esbozar cierta intrincada deducción.

Muerto en Ginebra en Diciembre de 2044, Bagration legó pobre herencia, artística y pecuniaria; su contribución más apta fueron los impuntuales diarios en los que redactó con usual temblor los vaivenes de sus opiniones, repetidas hasta el hartazgo en páginas menos valiosas aún. El uso de la palabra cultura le mereció una aclaración: furiosamente antiestructuralista y seguidor ferviente de las férreas doctrinas de Popper y Sokal, desdeñó Bagration la concepción cultural apresuradamente pergeñada por los discípulos de Lévi-Strauss, más afines a la germánica Kultur que al concepto tradicional (quizás vetusto) de la Ilustración. No le ganó esa testarudez simpatías sonrientes. El valor literario, histórico, aun científico o grato a las efemérides de esos diarios es nulo, pese a los endebles esfuerzos de esos dispersos partidarios a los que ofreció, parsimoniosa y persistentemente, desilusión. Poco más queda decir al respecto.

La segunda de las cuestiones es sólo un rumor: el exégeta que quitara de las páginas de esos envejecidos cuadernos el polvo sospechó de la existencia de otros diarios, más personales, más lúbricos (es sabida la pobreza de la vida íntima de Bagration), tal vez rayanos en la fantasía o en el delirio. Hubo quien se alarmara: la inclusión de un nombre o una referencia en esas amarillentas páginas podía equivaler a desmedro. La leyenda quiere que el paciente compilador de los diarios (su nombre es de escaso interés) gozara de vida muelle no en razón de su trabajo como editor, fabricante de notas al pie y prologuista, sino gracias al diestro oficio de censor; aquello que no ha llegado hasta nosotros, aquello que ha sido omitido, aquello perdido y no olvidado sino jamás conocido será quizás lo menos desdichado que Bagration escribiera en horas solitarias en Ginebra. Nada cuesta imaginar grávidas montañas de dinero trocando manos a cambio de mínimas piras en las que se extinguieron párrafos incómodos junto a un cadáver aún tibio. Nunca lo sabremos.

Hadrian Bagration: Years of Displendour: Public Cultural Journals 2014-2044. 

H.B.

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