Termópilas serranas

Jacques-Louis David: Leónidas en las Termópilas, 1814. Museé du Louvre.

Jacques-Louis David: Leónidas en las Termópilas, 1814. Museé du Louvre.

Jamás se vive lo suficiente como para desdeñar el asombro. Un estoico amigo me anoticia de la existencia de algunas líneas perplejas (la figura puede caer en el atenuante) y sobre las que medité acerca de la conveniencia de reproducir: la lectura debiera ser un acto hedónico, no quiera el escritor conspirar contra ese designio del lector selecto. La indiscreción pudo más. La enardecida sintaxis, la ditirámbica puntuación y las contradictorias referencias históricas pertenecen en su totalidad al osado autor, cuyo nombre, en aras de una modestia que le supongo inmensa, permanecerá en la piedad del silencio:

Villa Dolores, Capital Nacional de la Resistencia contra el Neoliberalismo apátrida!!! Heroica Paysandú!!! Termóphilas (sic) serranas!! Oh, en tu seno vibra el brazo firme de Aquiles irredento!!! En tu nombre los augustos varones y las dignas mujeres reviven victorias inmarcesibles y tu grandeza ruboriza jornadas históricas!! Oh, Villa Dolores… Oh Villa Dolores!!! Que la llama eterna de tu Solidaridad, de tu Emancipación, de tu Redención alumbre el mundo entero!!!

Días atrás el peronismo ganó una elección municipal; la localidad de Villa Dolores se encuentra en la mediterránea provincia de Córdoba. La habitan unas treinta mil personas. Es de sospechar que el autor del párrafo anterior simpatizó con el triunfo peronista. Paysandú es citada hasta el hartazgo (o peor aun, hasta el tedio) por el nacionalismo argentino (que incluye a los antepasados del peronismo, el federalismo à la punzó) como modo de relacionar a los unitarios con intereses extranjeros (en este caso, el Imperio del Brasil en las guerras intestinas del Uruguay); Paysandú, lo sabrá el autor, fue una derrota de los nacionalistas uruguayos, apoyados por las ruinas de los partidarios de Rosas. Las Termópilas fueron una costosa victoria persa, sobre la que el autor no se pronuncia, y entre los defensores espartanos no se contaba Aquiles (escasamente irredento, más bien tesalio), sino Leónidas, al que Heródoto hace remontar en estirpe hasta Heracles. La argentina costumbre de cantar y celebrar derrotas continúa intacta. Cierta debilidad por la hipérbole, la bravata y el rídiculo, también.

H.B.

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