Pasárgada

Hacia 1930 Manuel Bandeira, declarado tísico irreversible, garabatea en un pedazo de papel el deseo de hallarse en alguna, cualquiera otra parte. Vou-me embora pra Pasárgada, anunció, y en esa ya imaginaria ciudad que sólo habitaba en la memoria de la arqueología halló la esperanza que otorga la cercanía de la muerte. Halló, también, la revelación, esta vez contenida en la intransferible clave de un viaje, hacia cualquier lugar que lo esperase, sin prisa (son sus palabras), con a mulher que eu quero, na cama que escolherei. Manuel Bandeira sobrevivió y emprendió periplos distintos: el del moroso reconocimiento académico y el de la vejez. Pasárgada, la mujer y la cama permanecieron allí, pacientes, aguardando a cada Manuel Bandeira que se apresura a comenzar su viaje a un pasado que no existirá nunca.

HB

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