Muro

He nacido sin fe. He leído la Escritura como una obra de ficción, como quiere Harold Bloom: como línea tras línea que habita la literatura fantástica, cual Borges (lector de superioridad incomparable a mi balbuceo) se internaba en el universo teológico. Una frase me despierta a la medianoche de Londres; es el Éxodo: No oprimirás ni ofenderás al extranjero, porque fuiste extranjero en la tierra de Egipto. Jehová habla a Israel. La respuesta es a veces obediente, a veces desganada.

La frontera es un anacronismo cruel cuyo fin no es otro que la prolongación de una obsolescencia perversa: impedir que dos personas que se buscan puedan encontrarse, y que tras ese hallazgo mutuo y maravillado puedan permanecer juntas. La ansiada abolición de esa línea sangrienta fue imaginada por Borges: en Juan López y John Ward lamentó la división del orbe en parcelas provistas de memorias recíprocamente hostiles (llamamos nacionalismo a esas religiones de conmemoraciones tediosas); en Los conjurados profetizó una nación planetaria en donde las caprichosas diferencias fueran olvidadas. Su sueño aún no se ha cumplido.

Una ley injusta, un prejuicio impiadoso, un ánimo feroz alzaron un muro entre Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas y fue por entre los intersticios de ese metal y de esa piedra que sus manos se unieron por última vez durante largo tiempo. El muro era una cárcel; todo muro lo es. Todo muro desafía a la ley del Eterno, el que te sacó de Egipto, y derrama sobre el extranjero la celda y el látigo. Regresa la sentencia de Sartre: si los judíos no existieran, los antisemitas los crearían. Si el extranjero no caminase por estas calles, nos afanaríamos en hallar en muchos, en otros, en el otro, cierto algo, algún rasgo del que huir, algún hábito al que obliterar, algún acento del que mofarse. Un par de manos que separar y que, sin embargo, por entre los huecos del metal y la piedra del muro, volverán a buscarse.

HB

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2 comentarios en “Muro

  1. Extrañaba ya las crónicas de HADRIAN, eseperadas por largo tiempo. Como tantas otras, me impactó su contenido, tan dolorosamente real. Que nunca nos falte su verbo para denunciar las miserias del mundo que nos rodea.

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