La suegra de Paulo

Marguerite Gérard : Le déjeuner du chat, ca. 1790. Musée Fragonard, Grasse.

                                                                                                     A saint abroad, and a devil at home.

John Bunyan: The Pilgrim’s Progress

La conversación sucedió en Copacabana, en una noche posterior sólo en días al final del año, en un departamento no lejano a la Avenida Atlántica. El calor adormecía cualquier ánimo pero nos armábamos de valor y vigilia gracias al café. Alguien recordó el nombre de un impostor, un tiranuelo de la escritura sencilla; la razón pudo ser casual o graciosa. El rostro de una mujer, sin embargo, se ensombreció.

“Paulo vivía dos pisos más abajo. Casi nunca lo veíamos: era afanoso en ofrecer su mercancía y viajaba constantemente. Su suegra vigilaba la morada, que poseía un balcón o un patio. Una tarde, una gata dio laboriosamente a luz. Por la mañana el portero tocó a mi puerta. Cabizbajo, me confesó que no podía llevar a cabo la orden: en una bolsa inquieta se arremolinaban las crías de la gata. Comprendí que debía hablar con la suegra de Paulo.”

“La mujer me recibió con frialdad. No pedí compasión sino tiempo; me encargaría de hallar un hogar para cada criatura una vez que el cuerpo de la madre fuese innecesario. La mujer, fastidiada, aceptó. Agradecí profusamente. Antes de partir, me permití observar que Paulo, seguramente, estaría de acuerdo. La mujer se encogió de hombros.”

No crea– gruñó-. Son sólo animales. Gatos. Él también los odia.”

HB