The Borges Reader

“I love his work because everyone of his pieces contains a model of the universe or an attribute of the universe.” Italo Calvino.

“Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.” JLB.

“What Borges offered his readers was a philosophy, an ethical system, a method.” Alberto Manguel.

“Declinaba el verano. y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y la palpaba con diez dedos con uñas.” JLB.

“It is a sign of importance that, in placing him, only strange and perfect works can be called to mind.” André Maurois.

“La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.” JLB.

” Borges was the quintessential writer’s writer.” James Woodall.

“De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.” JLB

“Like my beloved late friend William, he was not of an age, but of all time.” Ben Jonson.

HB

Bragadoccio

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Heinrich Füssli: King Arthur and the Faerie Queene, 1788. Kunstmuseum Basel.

Las reglas eran sencillas: pertenecer requería una cierta edad, una cierta sabiduría, una cierta fortuna. Nadie aprende a leer antes de los cuarenta años; nadie aprende a vivir con alguna indiferencia frente a las cosas antes de esos largos instantes (los filósofos llaman a esa serenidad escepticismo), nadie puede ufanarse de esos saberes y de esas prescindencias sin riqueza. Evitamos, al admitir a los miembros, el recurrente número que denota la docena. Fuimos, finalmente, no más de veinte. Las deserciones se produjeron, por suerte, de manera veloz.

Se decidió prohibir la vulgaridad: en otras palabras, aquello que es honrado por todos. Apenas pronunciábamos el nombre de Shakespeare, jamás el de Molière, nunca el de Wilde. En la tarde en que se leyó Gorboduc, los hombres contuvieron el llanto con cierta dificultad, las mujeres lo fingieron. Cuando llegó el turno de Spenser, tal vez un par de semanas después, alguien solicitó y obtuvo el papel que hubiéramos despreciado en Plauto, el de Bragadoccio. Hacia el fin de la noche casi todos dormían, refugiados entre mantas. El hombre que estaba junto a mí me miró y preguntó, no sin timidez, si era posible hablar de Hemingway. Asentí. Para justificar ese desvío, citó con memoria torpe las palabras de Mellow: “About midway through his career, Hemingway had begun railing against the “fabricated geniuses” promoted by the critics who needed a genius of the season. When such geniuses died, he said, they would no longer exist as writers. There was no sense in writing anything that had been written before unless you could beat it. Good writers (Mellow, estoy seguro, usa la palabra serious) compete only with the dead.” (La traducción es una forma de la cortesía: Hacia la mitad de su carrera Hemingway había comenzado a fustigar a los genios inventados aclamados por los críticos, que necesitaban al genio de la temporada. Cuando esos genios morían, decía Hemingway, ya no existían como escritores. No tenía sentido escribir algo que ya había sido escrito a menos que pudiera escribirse mejor. Los escritores serios sólo compiten con los muertos). El hombre comenzó a reir. Una risa suave y solidaria que pronto se transformó en la excusa para sostener una leve borrachera. Pure Hemingway bragadoccio, rio. Se envolvió en su manta, casi como el último acto de César, y durmió. Yo me retiré a mi cuarto y descansé. Desperté con el sol en alto, hacia el mediodía. No había nadie en la casa.

HB

 

 

Pasárgada

Hacia 1930 Manuel Bandeira, declarado tísico irreversible, garabatea en un pedazo de papel el deseo de hallarse en alguna, cualquiera otra parte. Vou-me embora pra Pasárgada, anunció, y en esa ya imaginaria ciudad que sólo habitaba en la memoria de la arqueología halló la esperanza que otorga la cercanía de la muerte. Halló, también, la revelación, esta vez contenida en la intransferible clave de un viaje, hacia cualquier lugar que lo esperase, sin prisa (son sus palabras), con a mulher que eu quero, na cama que escolherei. Manuel Bandeira sobrevivió y emprendió periplos distintos: el del moroso reconocimiento académico y el de la vejez. Pasárgada, la mujer y la cama permanecieron allí, pacientes, aguardando a cada Manuel Bandeira que se apresura a comenzar su viaje a un pasado que no existirá nunca.

HB

Ópera

Gabriel Jacques de Saint-Aubin: "Armide" de Jean-Baptiste Lully, 1761. Museum of Fine Arts, Boston.

Gabriel Jacques de Saint-Aubin: “Armide” de Jean-Baptiste Lully, 1761. Museum of Fine Arts, Boston.

“El dominio casi absoluto de los repertorios clásico y romántico en el universo de la ópera, la acotada difusión del estilo barroco, no es sino un retorno a los orígenes, un regreso temporal, postulado, desde los estoicos hasta Poincaré y Eliade, bajo el disfraz del rito que remite a la edad de oro. El Renacimiento italiano había dispuesto la resurrección de la Antigüedad; no sucedió sólo con las artes plásticas: las costumbres de la nobleza y de la incipiente y afluente clase mercantil intentaron emular los symposia de la Grecia clásica; se creía que la reunión debía incluir la apreciación de pasajes eruditos de la dramaturgia antigua (redactados, según era la opinión de la época, tanto para la lectura cuanto la representación). La declamación se alternaba con intervalos musicales; esa variación dio origen, hacia 1577, al stile recitativo: en él se conjugarían, de acuerdo a la progresión del Renacimiento, las categorías de Boecio (De Institutione Musica), la tragedia griega (el autor preferido era Eurípides), y la sumisión de la textura musical a la palabra. Inspirado en Boecio, Girolamo Mei (miembro fundador de la feliz Camerata del conde Giovanni de’ Bardi en Florencia, ese prolegómeno del salon français) escribió, bajo la forma de reflexiones epistolares, De modis musicis antiquorum, páginas en las que fundamentaba su opción por el recitativo secco, la voz del intéprete acompañada solo por continuo: Mei aseveraba que en razonados tiempos de los griegos no sólo el coro se dirigía al público utilizando el canto, sino que el actor tenía a su cargo porciones de la obra compuestas para la melodía. Las cartas se dirigían a Vincenzo Galilei (el padre de Galileo), quien concordó con ellas de modo de aconsejar la recreación del lamento de Ugolino en el Infierno de Alighieri hacia 1582; un año antes había dado a  conocer su trabajo, en apoyo de las teorías de Mei, Dialogo della musica antica et della moderna (que dedicó a su protector, Bardi), en el que contradecía toda visión opuesta a la vigencia de una única línea melódica para cada línea del texto: la voz debía prevalecer sobre el instrumento y la importancia de la inteligibilidad de lo recitado por el intérprete subsumía a la inventiva del compositor. El grupo de Galileo y Mei se dio a la creación de música para el acompañamiento de la poesía: en 1598, insistiendo en la adopción de temas de la Antigüedad clásica, llegó el turno de Ottavio Rinuccini y su Dafne. El poema se conserva íntegro; el acompañamiento musical, casi totalmente compuesto por Jacopo Peri y completado por Jacopo Corsi (mecenas de las artes en directa competencia con Bardi, con quien amaba disputarse ingenios), se ha perdido; probablemente Corsi auxiliara a Peri, músico menos hábil, en momentos de zozobra; aun así su lápida en la basílica de Santa Maria Novella homenajea a Peri como creatore del melodramma. La historia difiere poco de la contenida en las Metamorfosis de Ovidio, pero no hay lugar para la exaltación: el mito de la ninfa se narra en evocación serena, a la que el mismo Ovidio sirve de introductor. Sin proponérselo, el esforzado grupo de florentinos cobijados por Bardi ejecutaba la primera ópera.”

Hadrian Bagration: Seminario sobre los orígenes de la ópera y ópera barroca. Centro Cultural Asís, Guaminí 1728, jueves 24 de Julio, 17 hs, Ciudad de Buenos Aires. 11-4686-2652.

ABC

Rembrandt van Rijn: El rapto de Europa, 1632. John Paul Getty Museum, Los Angeles.

Rembrandt van Rijn: El rapto de Europa, 1632. John Paul Getty Museum, Los Angeles.

“La Argentina fue grande mientras creyó que era un país abierto. Creía que su tradición era la de Europa. Éramos los europeos del Sur. Y de pronto hemos querido ser folklóricos con un mínimo folklore argentino y hacer una civilización de ese mínimo folklore. Me parecía un país incontenible la Argentina. Recuerdo venir de Europa y ver Buenos Aires magnífica, limpia y generosa. Esos trabajadores habían hecho un país rico en el que la movilidad social era real. Las personas que venían pobres pasaban de una clase social a otra. Bueno, todo eso se podía hacer, y nada de eso puede hacerse.”

Adolfo Bioy Casares en entrevista con Jorge Urien Berri, 1987.

Maestro, maestro

Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, maestro. Y le besó.

Marcos 14, 45

Caravaggio: El beso de Judas, 1598. Galería Nacional, Dublin.

Caravaggio: El beso de Judas, 1598. Galería Nacional, Dublin.

La entrada que corresponde al jueves 15 de Septiembre de 1955 en el diario que Adolfo Bioy Casares construyera durante unas cuatro décadas delata una tímida esperanza: “Borges come en casa tardísimo; hacemos conjeturas, procurando no dejarnos arrastrar por la ilusión, aunque esta vez parece que es de veras. Con Silvina, llevamos a Borges a su casa; la ciudad está sola.” Al día siguiente el general Lonardi ordenaría a sus tropas de la escuela de Artillería de Córdoba que se negaran a sujetarse al régimen; comenzaba la caída de Perón, que el sentido común juzgaría eterna y que fue, tristemente, apenas duradera. Buena parte del pueblo, aun quienes querían hallarse lejos de la política, sintió alivio ante la huida del dictador; incluso los fervorosos adherentes de la jornada anterior buscaron refugio entre el contento general, quizás también a ellos la barbarie del peronismo los fatigaba.

La noticia me llegó por boca del escritor Atilio Zanotta, en una conversación animada por ciertas nostalgias. El lugar es una ciudad del interior de Argentina, las semanas posteriores a la liberación. La familia Zanotta habitaba una casa cómoda en un vecindario que era hostil a la liturgia peronista.  Compartían el pasar de los días con unas gentes de costumbres honestas, a quienes llamaremos los López, cuya cabeza era un sólido profesor de humanidades en la escuela secundaria. Una mañana el profesor López fue abordado por agentes de policía y conducido a prisión. A las purgas peronistas habían sucedido, calamitosamente, las purgas antiperonistas, pero nadie en esas calles identificaba al probo profesor López con aquella ideología rústica. Al embarazo sucedió la perplejidad y a ésta la desesperación de sus familiares. Por la tarde la policía comunicaba que el profesor López había sido trasladado a una base naval cercana y que su destino estaba en manos de la Marina de Guerra. Entre lágrimas, la esposa del profesor López pidió ayuda.

El padre de Zanotta y otro vecino, de apellido Palma, marcharon a la base a interesarse por la suerte del profesor López. Los recibió, amablemente, un oficial superior. Zanotta y Palma explicaron las razones de su angustia: el profesor López era un vecino apreciado por todos, intachable, solícito y, por sobre todo, ajeno a los estruendosos avatares de la política. El oficial los escuchó con atención; cuando hubieron terminado su apología de López, extrajo un pequeño cuaderno de un cajón de su escritorio y explicó que el profesor López no tenía nada que temer, que sería devuelto a su hogar en las próximas horas, y que desde un momento todavía no precisado exactamente en su biografía hasta la interrupción del peronismo había sido jefe de manzana; en otras palabras, un oficioso y secreto delator peronista cuyos reportes sobre la ideología de sus vecinos eran premiados con no pocas prebendas. El oficial extendió el cuaderno, propiedad de López, y señaló, entre sus hojas, los nombres de aquéllos que eran considerados enemigos del Estado peronista y pasibles de represalias de entre el grupo de vecinos, amigos y conocidos del profesor López en el apacible ámbito en el que la vida transcurría para todos: en esas páginas figuraban, prominentemente, los de Zanotta y Palma.

El profesor López regresó a su hogar poco más tarde. Nadie habló del asunto ni se mencionaron reproches, pero semanas después los López emprendían un acotado exilio y mudaban su residencia a un sitio menos expuesto de la ciudad. No se volvió a saber de ellos. El amargo destino de la recurrente Argentina peronista les habrá ofrecido, quizás, sus treinta monedas de plata.

Hadrian Bagration

Los por qué de la rosa

Die Rose ist ohne Warum (La rosa es sin por qué)

Angelus Silesius

Duffy Sheridan: Marieke with rose, 2009. Wyland Kauai Gallery, Kapaa, Hawaii.

La razón por la cual muchos individuos combaten aquello que denominan el sistema, una suerte de injusticia social, política y económica de la cual millones de veces no pueden dar razón ni nombre, es una acabada y amarga conciencia de su fealdad personal. De haber nacido dotados de la capacidad de ostentar al menos un ápice de atractivo, el destino de sus camaradas o compañeros de ruta en el arduo camino de y hacia la revolución les importaría un bledo. Entre todas aquellas cosas que el dinero puede comprar sobresale, primordialmente, la belleza. Quizás las clases sociales debieran definirse no excesivamente en relación a la apropiación de los medios de producción o del prestigio, sino en tanto la abundancia o la carencia del poseedor respecto de esa moneda que es también llave de tantas puertas y que conocemos como hermosura.

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La mayoría de quienes orgullosamente se califican aún de marxistas son a la vez cultores de Nietzsche, lo que equivale a afirmar que un vegetariano es asimismo un voraz degustador de chuletas de cerdo. Sé que aquéllos que gozan del oprobio de conocerme no han leído las obras de ninguno de ellos, o lo han hecho en pésimas traducciones y fragmentaria y desordenadamente. Cuando se ven arrinconados durante un debate, recurren al grito que asevera que toda filosofía es literatura, que toda literatura es poesía y que toda poesía es una forma esencial y excelsa de arte. Dado que la holgazanería de los críticos de hoy considera que el arte contempóraneo es una rama de la filosofía (a lo que puede agregarse, en el más lato estilo escolar, que es ésta la madre de todas las ciencias), de tal modo queda rizado el rizo contra el cual nada puede argüirse excepto la silenciosa contemplación y la más humilde perplejidad para con ese fenómeno de masas ilustradas que llamamos absurdo.

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Nadie puede sinceramente asegurar que trabaja para el interés común; toda creación es un ejercicio, en ocasiones noble, de egoísmo. Existen quienes aborrecen el dinero; también quienes nada quieren saber del poder. Ni un solo ser humano en este mundo puede prescindir de la admiración. Personajes como la Madre Teresa, Gandhi o cualquier otro santón mendicante sufren de una vanidad que haría sonrojar a un Wilde, un Francis Bacon o una Marlene Dietrich; persiguen nuestra admiración, pero en las tareas que llevan a cabo pueden ser sustituidos, sin variaciones y sin desmedro, por cualquier otro.

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La única porción de la realidad de la que jamás podremos escapar es la necesidad; ésta es, de hecho, la más cruda y más auténtica de las realidades. Innumerables han sido los credos económicos, políticos y religiosos que han querido reemplazar la necesidad por el conformismo o la resignación; fracasaron, y así seguirá siendo, porque si algo existe que convierte nuestro polvo en carne ávida es la urgencia. Logros son los nombres que damos a nuestro pasado; necesidad es lo que determina nuestro futuro.

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Uno de los acontecimientos más espantosos que pueden arruinar una vida es el amor. Las iglesias persiguen a herejes e incrédulos por amor a la incorruptibilidad de nuestra fe; las empresas y los gobiernos realizan ajustes devastadores para que la carestía que nos corroe no se agrave; las élites dirigentes arrasan naciones para protegernos de los atentados demenciales del terrorismo, mientras que el demencial terrorismo quiere hacer volar por los aires a las élites dirigentes y así escudarnos de sus maquinaciones. Quizás en el mundo debiera haber menos amor y más goce erótico; tal vez no sería un mundo mejor, pero indudablemente lo sentiríamos más placentero.

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Sólo es posible amar aquello que de lo que arrancamos placer o poder; toda otra forma de afecto es compasión. Preferimos sentir por nuestros prójimos compasión antes que amor, porque la primera implica del otro una jerarquía inferior, y por lo tanto es el otro un adversario menos en nuestro afán por hallar a alguien a quien ofrecer la posibilidad de que nos despoje de nuestras ofrendas de placer y de poder.

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A quienes los dioses aman, conceden la venganza. A quienes desprecian, todo menos ésta.

Hadrian Bagration