Exilio

Raffaello Sorbi: Decamerone, 1876. Colección privada.

Raffaello Sorbi: Decamerone, 1876. Colección privada.

Boccaccio imagina a diez jóvenes, siete doncellas y tres mozos, pacientemente refugiados en Fiesole, huyendo de la peste. Para acortar los temores de la noche, hace que a lo largo de diez días cada uno de ellos narre una historia. El nacimiento del Decamerone es también el renacimiento del cuento: en esas jornadas en el escondite cerca de Florencia revivieron párrafos de Petronio y el Hezar-afsana (que Bocaccio no conoció), los mil mitos que se acurrucaron en la boca de Sherezade para enamorar al sultán.

En pocas horas sobrevendrá una vez más la puntual pestilencia del footballDie enorme sozialpsychologische Bedeutung des Fußballsports ist also auf ein illusionäres Wir-Gefühl angewiesen, escribió Gerhard Vinnai en 2007 (La enorme significación psicosocial del fútbol es tan dependiente de un ilusorio sentido de pertenencia), en un breve ensayo, Zur Ideologischen Funktion des Fußballsports, que complementa su premonitorio volumen de 1970, Fußballsports als Ideologie. Juan José Sebreli lo reconoce como una de sus fuentes para la redacción de ese libro que le costara amistades y simpatías, La era del fútbol. Fútbol como ideología del nacionalismo, ideología de la violencia rentada, ideología del gasto superfluo y hasta criminal e ideología de la estupidez. En un raro episodio que prodiga la belleza de la traducción, la magnífica obra de Bill Buford sobre los hooligans, Among the Thugs, es vertida al español con título prodigioso: Entre los bárbaros. Fútbol como ideología de la barbarie.

Permitamos que nos socorra la tradición: quienes manejan y fomentan el sórdido negocio del fútbol desean de nosotros toda cosa, excepto el que ignoremos a esa creación indigna. Propongo que los desafiemos: ignoremos al fútbol. La derrota de nuestra causa es segura, de modo que no hay razón para vacilar. Reunámonos aquí, como los jóvenes de Boccaccio, por el tiempo que dure la peste, y escuchemos historias; yo tomaré el placer y el grato peso de contarlas, una al día, hasta que sea de nuevo dichoso regresar del exilio.

Hadrian Bagration