The New Criterion

Pieter Bruegel el Viejo: El país de Cucaña, 1567. Alte Pinakothek, München.

Pieter Bruegel el Viejo: El país de Cucaña, 1567. Alte Pinakothek, München.

“En las universidades y demás instituciones a las que se les ha confiado la preservación y transmisión del capital cultural de nuestra civilización se han puesto en marcha deformaciones afines. La pseudoerudición propagada por una prosa bárbara y a prueba de lectores, escrita con una inquina política adolescente, es la boga de hoy. The New Criterion decidió batirse en este caótico campo de batalla con el objetivo no sólo de anunciar que el rey está desnudo, sino hacerlo con ingenio, claridad y elegancia literaria. Reconocemos que éstos han sido tiempos difíciles para las artes de la sátira y la parodia. Con velocidad creciente, la realidad de hoy supera a la exageración satírica de ayer. Aun así, The New Criterion se ha distinguido por su eficiente empleo de la sátira, la denuncia y la ridiculización, ácidos recursos en el arsenal de la polémica. Pero The New Criterion no sólo se nutre de polémica. Una parte igualmente importante de la crítica se centra en la tarea de combatir la amnesia cultural. Desde nuestra primera entrega, hemos trabajado en el vasto depósito de los logros culturales para hacer que nuestros lectores accedan o recuperen a las figuras señeras cuyas obras han contribuido a tejer la permanente expansión del tapiz de nuestra civilización. Escritores y artistas, filósofos y músicos, científicos, historiadores, polemistas, exploradores y políticos: The New Criterion se ha especializado en resucitar figuras importantes cuyas voces han sido ahogadas por la crasa fatuidad de la cultura popular o anquilosadas por la letra muerta del academicismo.” 

“Es de hacer notar que nuestro interés en estos temas no ha sido nunca meramente estético. Al comienzo de La república, Sócrates recuerda a su joven interlocutor, Glaucón, que la conversación no versará sobre asuntos triviales sino sobre “la correcta dirección de la vida”. Compartimos ese concepto. The New Criterion no es, lo espero, una publicación solemne, pero sí seria. Miramos al pasado en busca de guía y al arte como forma de humanizar una educación y regir la emociones que distinguen al hombre culto del bárbaro.” 

The New Criterion suele ser descrita como una publiación de corte “conservador”, y alabada o desaprobada de acuerdo a la inclinación política de quien la juzgue. En verdad, somos una publicación liberal, si entendemos el término “liberal” del modo en que lo hacía Russell Kirk cuando afirmaba que era conservador precisamente porque era liberal. Conservador, en el sentido de querer conservar aquello que merece serlo de los estragos del tiempo y la ideología, el mal y la estupidez. En épocas de abundancia, como Evelyn Waugh observó en uno de sus ensayos, la labor es sencilla y es por ello que en ocasiones olvidamos cuán necesaria es. En otras épocas, los enemigos de la civilización transforman la tarea de la preservación en un combate por la supervivencia. Es en ese tiempo en el que creemos estar. Y tal es una de las razones por las cuales el esfuerzo de The New Criterion por decir la verdad sobre la cultura es tan importante hoy como lo fuera en 1982.” 

Roger Kimball sobre los 25 años de la revista cultural The New Criterion. Traducción de H.B.

The New Criterion nació en New York en 1982, fundada por Samuel Lipman y quien fuera  uno de los críticos de arte más influyentes y más sensatos de la segunda mitad del siglo XX, Hilton Kramer. Tres hechos que bien pueden ser considerados actos de valor reseñan su apego a la cultura: en 1952 Kramer se apresuró a denunciar como fraudes a los movimientos artísticos posmodernos: la obscenidad pictórica del action painting y los subsiguientes timos conocidos como pop art, op art, conceptual art y demás imbecilidades. Huelga decir que fue tildado por sus maliciosos colegas de reaccionario. Kramer se opuso asimismo a que los estímulos a las artes pagados con dineros públicos fuesen otorgados en virtud de la variedad étnica, de género o la cercanía ideológica y sólo se tuviera en cuenta el mérito artístico. Naturalmente se lo acusó de estar en contra de la multiculturalidad, acusación que no le desagradara. Por último, Kramer lucía orgulloso su mote de anticomunista, y elogió con indisimulado placer la obra maestra de Anne Applebaum, Gulag: A History, reseña de la que vale la pena extraer unas cuantas líneas:

“What has to be understood, of course, is that the horrors of the Soviet system had never penetrated the public imagination in this country on anything like the scale that made the Nazis a familiar symbol of evil and criminality. Even as kids Americans of my generation recognized the swastika as an emblem of the “bad guys,” if only from the movies we saw and the comic books we read. No Soviet symbol ever acquired a comparable status in the public mind. Nor did Hollywood make any movies about heroic anti-Soviet resistance movements.”

Hilton Kramer: Remembering the Gulag. The New Criterion, Mayo de 2003

“Lo que ha de entenderse, por supuesto, es que los horrores del sistema soviético nunca han penetrado en la imaginación pública de este país [los Estados Unidos] en una escala similar a la del nazismo como sinónimo del mal y la criminalidad. Aun de niños, en mi generación, reconocíamos en la esvástica el emblema de “los malos”, aunque sólo fuera por las películas que veíamos y las historietas que leíamos. Ningún símbolo soviético  adquirió jamás una categoría comparable en la mente general. Tampoco Hollywood realizó producción alguna acerca del heroísmo de los movimientos de resistencia antisoviéticos.”

Sobre el estado de la crítica de arte actual, Kramer era amargamente lapidario: “…gobernada por una marcada hostilidad, o un rechazo visceral a cualquier cosa que pueda regalar a la vista una experiencia placentera.”

Hilton Kramer falleció en Maine en 2012. La conducción de The New Criterion quedó desde entonces en las hábiles manos de Roger Kimball.

H.B.