John Lyly

Anónimo: Madame de Rambouillet, siglo XVII. Colección privada.

Anónimo: Madame de Rambouillet, siglo XVII. Colección privada.

Como todo innovador refugiado en la tradición, John Lyly se atribuyó la fundación de una escuela literaria que contemplaba el pasado para fundar venturoso futuro: fue dada en llamarse eufuismo. El nombre, que confunde al lego con la doctrina de los sufíes, se yergue de una precoz y olvidada obra de Lyly: Euphues, or the Anatomy of Wit. El eufuismo fue en la Inglaterra apenas anterior a Shakespeare lo que en España equivalió al culteranismo y en Francia a las préciosités. No faltó quienes vieran en él escasa sustancia y meros juegos de artificio verbal. Sus aún defensores le adjudican un carácter retórico cuya ausencia hubiera hecho imposible al mismo Shakespeare, a Góngora, a Giambattista Marino (aquél de Porpora de’giardin, pompa de’prato/Gemma di primavera, occhio d’aprile…) y a la Chambre Bleue del salón de Catherine de Vivonne, marquesa de Rambouillet. La cuidadosa enumeración, la aliteración, la hipérbole y el hipérbaton eran lengua común entre esos idiomas que distaban algunos cientos de millas entre sí. John Lyly, que no reconocería su quizás flagrante deuda con los monjes que crearon, con placer cargado de tedio, el latín de Hibernia, se proclamaba, sin embargo, pionero en el barroquismo literario cuyo primer y acaso único amor es el asombro.

“It is virtue, yea virtue, gentlemen, that maketh gentlemen; that maketh the poor rich, the base-born noble, the subject a sovereign, the deformed beautiful, the sick whole, the weak strong, the most miserable most happy. There are two principal and peculiar gifts in the nature of man, knowledge and reason; the one commandeth, and the other obeyeth: these things neither the whirling wheel of fortune can change, neither the deceitful cavillings of worldlings separate, neither sickness abate, neither age abolish.”

“Es la virtud, sí, la virtud, caballeros, lo que nos hace caballeros; lo que hace rico al pobre, noble al plebeyo, soberano al súbdito, hermoso al deforme, sano al enfermo, fuerte al débil, el más feliz al más desgraciado. Hay en la naturaleza del hombre dos dones peculiares y predominantes: el conocimiento y la razón; el primero ordena, y la segunda obedece: a estas cosas ni la cambiante rueda del destino puede alterar, ni los reparos mundanos separar, ni la enfermedad abatir, ni la edad desgastar.”

John Lyly: Euphues, the Anatomy of Wit (1580).

Hacia esa fecha Lyly disfrutó de la preferencia del público de las cortes y de la estimación de los letrados: su estilo se emuló y muchos acudieron a sus lecciones de retórica. Obtuvo varias veces sitial en el Parlamento. Alrededor de 1593 Lyly escribe a Isabel I por segunda vez: su primera petición no ha sido escuchada, ha esperado más de diez años por un cómodo puesto en la corte: “Thirteen yeres your highnes servant but yet nothing. Twenty friends: hat though they saye they will be sure, I finde them sure to be slowe. A thousand hopes, but all nothing; a hundred promises but yet nothing. Thus casting up the inventory of my friends, hopes, promises and tymes, the summa totalis amounteth to just nothing.” (He sido durante trece años servidor de Su Majestad, pero nada he recibido. Veinte amigos, aun cuando me aseguraron llegada a vos, se han esforzado con lentitud. Mil esperanzas, pero nada; cien promesas, pero aún nada. De modo que al hacer inventario de mis amigos, esperanzas, promesas y tiempos, la suma total se reduce a sólo nada). Sus escasos biógrafos sospechan que Isabel halló la manera de otorgar alguna magra recompensa. No otra cosa recibiría Lyly hasta sumergirse en una austera y olvidada vejez. Muere en 1606, legando pobre testamento a sus hijos.

La vida de John Lyly es invención de la literatura: una vida dentro del drama, vivida con intención gozosa, sepultada en la aridez de la erudición y quizás en el hábito de la soledad y la pesadilla.

H.B.